Paso a veinte metros de los árboles a una velocidad de unos 70 km por hora; ¿o es el mundo entero el que se mueve en conjunto a mí alrededor? No lo sé, pero el caso es que conduzco mi 600 por una autovía de 3 carriles donde, a mi alrededor, hay varios automóviles que me adelantan como balas y cuyo efecto rebufo me hace tambalear de un lado para otro.
Va, yo voy tranquilo, me da igual que toda esta gente quiera llegar cuanto antes a su destino ya que lo que importa es ir calmado, sin apuros, conducir sabiendo que tarde o temprano llegarás, siempre y cuando te mantengas feliz y no dejes de conducir por la carretera. Que hace viento, vas protegido, que llueve, limpiaparabrisas, y así de sencillo.
El bosque por el que me estoy dirigiendo hacia mi destino comienza a desaparecer y una llanura se extiende a lo lejos. La carretera, que hasta ahora se dibujaba en línea recta, comienza a doblarse en una curva tras otra y por un pelo casi vuelco a causa de un camión de 30 metros de largo. Reduzco un poco la velocidad, no vaya a ser que me mate, pero todos los coches a mi alrededor la suben hasta pasar a mi lado tan rápido como si esto se tratara de la Fórmula 1.
Me estoy volviendo loco, mi coche es casi imposible de manejar y cada curva me exige un esfuerzo inhumano.
Llego a una rotonda. A la derecha hay una autovía de 3 carriles y a la izquierda otra autovía de 5 carriles pero mi destino es seguir de frente por una autovía de ocho carriles.
Pero esta autovía tiene una valla en medio que no permite pasar a nadie.
Subo mi 600 a la glorieta y me quedo pensando. Todos los vehículos prosiguen su marcha a izquierda y derecha por el simple hecho de que no conllevan ningún problema. Tendrán que dar más vuelta pero sus automóviles seguirán relucientes.
Sigo pensativo en medio de la glorieta. Salgo del coche y me siento en el capó. El Sol aprieta y va y viene a causa de una nube agujereada. Me acerco a la valla que me impide el camino y me pongo de frente a ella acariciando cada uno de sus alambres y olisqueando cada uno de sus agujeros. El Sol aprieta y los alambres están fríos. Tengo rombos en las mejillas de tanto apretarme contra la valla. Meto los dedos por los agujeros.
Y entonces le pego una patada a la valla de los c*j***s. Como un loco me lanzo de cabeza, le doy de puñetazos y me inflo a empujones con ella. Entro en el coche que hace un sonido de agonía al arrancarlo. Acelero hacia la valla y me empotro contra ella. Echo marcha atrás y lo vuelvo a intentar. A la quinta va la vencida. Paso por encima de ella con mi 600 como una apisonadora.
Marcho por una autovía de ocho carriles rumbo a mi destino. Una autovía de ocho carriles toda entera para mí. Una de las ruedas además de rodar hace eses. Parece ser que no le han sentado muy bien las envestidas. En cuanto se caiga pongo otra. El Sol sigue apretando. Pongo un poco de Marea en el mp3, me acomodo, me pongo las gafas de sol y prosigo mi camino…