PROEZAS DE LA INFRALITERATURA

- The end -

lunes 21 de julio de 2008

Se acabó
Llevo un montón de tiempo queriendo actualizar, pero no me sale nada...
...nada del estilo a lo que he estado escribiendo hasta ahora (bueno, hasta febrero).

Todo en este mundo cambia, y no es de recibo autocontemplarse para hacer un poco de arte...
o al menos así lo veo yo. Llegó un momento en el que me empecé a agobiar con el blog, que si actualiza, actualiza, mañana, o mejor pasado...
Y no hay que dañarse a uno mismo para crear un poco de arte...

Aquí he estado a gusto, he tenido lo que necesitaba...
y todavía recuerdo que me daba vergüenza publicar mis primeros post...

y que lo hice por eso, por superarme un poco en ese tema...

Pero ahora necesito irme de aquí porque este ya no soy yo...
A mí no me sale escribir así...
(o eso creo)
Así que cierro este blog para pasar página y comenzar otro...
con otra forma de ver la vida y de ver las cosas...

Así que a pasarse por:


(lo mismo le cambio el nombre con el tiempo, pero por lo pronto es lo que hay)

Funciona con Mozilla Firefox (el iexplorer se os bloqueará y caerá) y es un poco raro de utilizar.
Si tenéis alguna pregunta de cómo funciona, hacedla aquí.

Un saludo y hasta siempre


PD. buf, sólo te das cuenta de las cosas que tienes en casa cuando te tienes que mudar a otra, que tostón hasta que he puesto los enlaces!!! (aaarrrghh!!!)


Pequeña paranoya monumental....

jueves 28 de febrero de 2008

Mi pensamiento crea mi existencia

Mi existencia, mi divinidad

Mi divinidad no existe

Mi no existencia es la nada

Y la nada no se puede conocer

Ni siquiera es analizada

Por lo que mi pensamiento

Se queda en nada.

Mi pensamiento no es tangible

(Como la nada)

Mi pensamiento no es mortal

(Como la nada)

Mi pensamiento no ha nacido

(Como la nada)

Mi pensamiento no se sabe dónde está

(¡Como la nada!)

La nada nada en espacios vacíos

(¡Como mi pensamiento!)

Entonces, la nada es nada

Y yo creo que mi pensamiento es algo

Pero el hecho de creer, ya es pensar

Por lo que no estoy pensando en nada.

como empezó todo

miércoles 6 de febrero de 2008

“Traed para el lunes una historia con una estructura parecida a la de los cuentos que acabamos de leer”, dijo un día mi profesor de lengua de 3º de la ESO. Una simple frase que terminó siendo la chispa que enciende la mecha. Al día siguiente este profesor se encontraba con los ojos como platos escuchando la historia que yo le contaba sobre un escriba egipcio que hizo novillos y no aprendió bien el oficio; luego cuando tuvo que transcribir algo, se confundió de letras y unos extranjeros terminaron invadiendo su país…

Ahí creo que empezó todo….

Tengo miles de hojas por ahí que algún día pienso terminar de ordenar. Un montón de hojas de cuando pensaba que tenía talento para esto, de cuando pensaba que no tenía talento ninguno y de ahora, que me importa una mierda…

Es extraño, ¿por qué engancha tanto esto de escribir? Yo siempre pensé que eran ganas de llamar la atención. Todos tenemos algo por lo que nos definimos: está la filósofa con la que no es recomendable hablar de filosofía, el aprendiz de ruso al que no hay que pedirle que te enseñe ruso, el porrero con el que nunca hay que salir de fiesta, el guitarrista con el que nunca hay que ir a un concierto, etc. A mí me tocó ser el pesado de los libros. Y lo acepté. Claro, yo pensaba así cuando tenía 14, 15, 16 años hasta que un día maduré y dije “ya no voy a escribir más”. A los dos días estaba en frente del ordenador con un bloc de notas abierto y escribiendo:

K no kiero

K no voy a escribir

K no

K no

K no voy a hacerlo

…y terminé con un poema de 20 versos. Igual que el que deja de fumar y reincide, yo tuve que volver a escribir.

Es extraño, si no escribo por algo ni para nadie, ¿por qué sigo haciéndolo? Sí, es verdad, no soy capaz de escribir nada a nadie a no ser que le gusten cosas como “…con tu dulce piel sabor a mantequilla…”, del estilo de cosas que se escriben sin inspiración.

Aún así, todo aquel que escribe algo lo hace para ser leído. El que diga que escribe para luego coger el folio y meterlo en un cajón para siempre, miente como un bellaco. Siempre guardará un mínimo de ilusión porque alguien abra el cajón y en un descuido lo lea. Esta es una de las razones por las que abrí el blog en su día. Pero claro, se puede abrir un blog para publicar lo que ya se ha escrito. Entonces ¿por qué sigo escribiendo? Ideas:

Porque soy tímido

Bueno, más que tímido callado, que no es lo mismo

Porque me gusta que me lean (bueno, con que me lean tres es suficiente)

Porque quiero aparentar algo (esto sí que no)

Porque me gusta hacer listas como esta (que siempre terminan con un “en fin”)

En fin.

Básicamente creo que se trata de plasmar en un papel lo que me vaya sucediendo. Es como una especie de diario sólo que yo soy el único que conoce el trasfondo de cada frase o verso, que incluso soy capaz de recordar cómo era el momento en el que lo escribía. La mayoría de la gente lo que suele hacer es meterse los problemas en la boca, comérselos, digerirlos y olvidarlos; yo los escupo en un papel y me quedo tranquilo hasta que los vuelvo a ver. Así de masoca que soy.

Al fin y al cabo, cada palabra es una metáfora de mi realidad que sólo yo puedo entender….

PROEZAS: porque puede que sí tenga talento

INFRA: porque puede que no…

LITERATURA: porque me importa una mierda sí o no….

Un saludo

¡¡EXAMEN!!

lunes 21 de enero de 2008

Prosigue a la entrada anterior)

Miro la hora y me entra un temblor. Son las siete y media, queda hora y media para el examen y todavía me queda por repasar un tema y medio de lo que me propuse.
Tengo que darme prisa para poder memorizar todas aquellas palabras que necesitan ser estudiadas, investigadas y conocidas para así no suspender. Lo estoy pasando fatal. El bic azul de mi mano repiquetea contra el metal del flexo creando una especie de luz sonora color azul. El lápiz de la otra mano crea pentagramas de notas al margen ke nisiqiera guárdan 1minimo de ortografia. Siguen apareciendo palabras extrañas que ya ni siquiera me molesto en buscar. Sólo intento memorizarlas: “Herzacoal”, “herzacoal”, “herzagoal”, “hersagonal”, “ersagonal”, “exagoanl”, “exagoná”; “miriápido”, “miriátrido”, “Ciriátrido”...
Mientras tanto el reloj de la pared empieza a funcionar lo más rápido posible para reírse de mí y hacerme la vida imposible. Los obreros de mi habitación seguro que siguen descansando. El café seguro que sigue amargo. Lo que queda de él se retuerce en ondas concéntricas producidas por el temblor de mis piernas. Mi compañero sigue durmiendo. La vecina de arriba también.
Ya no es de noche para estudiar. El sexto tema ya lo he terminado así que apago la luz azul porque ya no la necesito. Los coches comienzan a circular para llevar a su conductor a un inhóspito lugar donde trabajar un día más. Me llevo las manos a la cabeza, cierro los ojos y respiro fuerte para vagar en una nube negra medio amarga medio dulce que aparece cuando se deja de estudiar en una situación como esta.
Son las ocho, queda una hora para el examen. El agua de la ducha está demasiado caliente dando la sensación de ser notas Post-it rajando mi cuerpo. Salgo de la ducha y en el espejo aparece un ladronzuelo de bicicletas. Intento sonreír pero no puedo.
Me visto mientras reflexiono en ponerle una vela a San Judas Tadeo. Preparo un desayuno equilibrado a base de mucho azúcar, colacao, café, leche que robo a mi compañero, cereales y un trozo de tarta que sobró hace tiempo. Me lo tomo todo mientras veo las noticias. Por lo visto ha muerto mucha gente en una guerra civil, el Real Madrid ha fichado a no sé quién y Fernando Alonso ha ganado no sé qué carrera. El canal Antena Cinco me recuerda que en el tema cinco hay un punto dividido en cinco subapartados de los que sólo me sé cinco palabras de uno de ellos.
Lo recojo todo, agarro la mochila, la lleno con todos los apuntes y salgo del edificio.

-¿Qué pasa? ¿Tienes examen?- me saluda el quiosquero.
-¿En qué lo has notado?- bromeo.
-Pues en que estás blanco y en que llevas unas ojeras que pareces un condenado a muerte. ¡Qué tengas suerte!
-¡Gracias!

En la portada del Marca aparece un mulato con la camiseta del Real Madrid y Fernando Alonso muy contento.

Me pongo los auriculares y el grupo de música Marea me recuerda aquella vez hace unos años cuando ahorré para una guitarra. Si me la hubiera comprado y hubiera aprendido a tocarla ahora a lo mejor no tendría que madrugar. O quizá estaría volviendo a casa en este momento. Pero ya no hay tiempo de pensar en tonterías de niño vago sin futuro. El repartidor del 20 minutos me entrega un ejemplar cuya portada muestra los muertos de la guerra civil de no sé dónde.

Los Marea en mi Mp3 prosiguen:

Latido jondo, es lo que quiero tener
Mi cama que no tiene sueño
Un ruido sordo otro de rabia y miel
de la piel hacia adentro.

A medida que voy llegando a la estación de ADIF me voy encontrando con un ejército de personajes que portan sus AK-pilot del calibre 0.5 y sus escudos tamaño A4. Se les ve un poco angustiados mientras arrastran sus ojeras hacia la batalla final en Rabanales. Entro en la estación que está atestada de gente. En los bancos de enfrente hay un pobre desayunando y la gente se sienta a cierta distancia de él. En un reloj pone que son las ocho y treinta y cuatro minutos y en un panel que el tren hacia Rabanales parte a las nueve menos cuarto. En la taquilla hay un tumulto de estudiantes ansiosos que se empujan y zarandean para no tardar mucho en comprar el ticket para ir al campus. En la cinta mecánica del AVE desciende gente de negocios que desea ir a Madrid o a Sevilla a ganar mucho dinero. En el andén número cinco está mi tren esperándome así que enseño el abono al señor revisor de cara distraída. La cinta mecánica me desliza hacia el suelo y me sumerjo en esa nube verde en la que deseas que la cinta nunca llegue al final.

Pero llega.

Me siento en el último vagón. Intento recordar algo de lo aprendido en estas últimas horas pero me cuesta pensar. Mis pensamientos comienzan a volverse azules, opacos, sin vida...

-¡Oye tú!- Me despierta una voz.
-Em, esto, ¿ya hemos llegado?- digo sobresaltado dándome cuenta de que me hablan tres amigos.
-¡Qué va! Que esto, que hemos pensado que no vamos a ir al examen.-
-¿Y eso?
-Que nada, que no hemos estudiado así que nos vamos a tomar unas cañas. ¿Te vienes? Son las ocho y cuarenta y cuatro así que decide rápido.
-Vale, tampoco hace falta que te esfuerces mucho en convencerme.

Salgo del vagón acompañado de los tres diablos. Una voz anuncia que el tren se marcha y decenas de estudiantes bajan corriendo por la cinta mecánica. Mientras subo, me sumerjo en una nube blanquecina llena de alivio postergado. Cuando me acerco a la cúspide observo como desaparece el último vagón siguiendo el resto del tren que va al lugar que me ha robado una noche de mi vida.

En septiembre habrá más suerte.

Estudiar, estudiar, estudiar....

miércoles 9 de enero de 2008

Si pudiera intercambiar por dinero mis sueños no soñados, hoy me convertiría en millonario.

El despertador chirría y mi mano medio muerta le apaga la voz. Transcurren unos segundos maravillosos dentro de la oscuridad de mi habitación hasta que me doy cuenta de porqué debo levantarme tan temprano. La madrugada me absorbe y los apuntes me están esperando. Son las cuatro de la mañana y dentro de cinco horas tengo examen.

Mis párpados luchan enfurecidamente contra sí mismos. Me incorporo y me siento en la cama. En el espejo aparece una especie de condenado que espera sus últimos días en el corredor de la muerte. En la pared unos obreros neoyorquinos de principios del siglo XX que están tomándose un descanso me recuerdan que tengo que estudiar. Me pongo de pie y abro la puerta de mi habitación con cara de zombi asustado.

Me dirijo en zigzag hasta el cuarto de baño. Me echo agua en la cara y me froto los ojos de tal forma que el condenado del espejo abandone el corredor de la muerte para entrar en una cadena perpetua. Aun así es incapaz de mantener la mirada fija.
En la cocina el poco aroma de un café hecho de forma previsora hace cinco días no me despeja la cabeza. Lleno un vaso, abro la nevera pero no hay hielos. Aun así, me mantengo con la cabeza sumergida en el frío para espabilarme.

Me dejo de tonterías. Son las cuatro y media y tengo que estudiar. Voy al comedor con mi vaso en la mano. Vislumbro mis apuntes y mi flexo en la mesa gracias a la luz de las farolas de la calle que penetra acuchillada por las rendijas de la persiana.

Son siete temas. El primero de ellos me lo sé de cabo a rabo, el segundo lo llevo bien, el tercero más o menos bien, el cuarto regular y el quinto mal. Así que voy a repasar el sexto y el séptimo y que sea lo que Dios (Alá, Buda, Yahvé, Zeus y/o Odín) quiera. Estos apuntes están ordenados de tal forma que cada página no esté en su sitio y que haya varias versiones entremezcladas. La letra de los apuntes que me dejó un colega no se entiende y la de la erasmus menos todavía, así que mejor elijo aquellos folios que la tengan parecida a la de una persona de un curso superior que le dejó los apuntes a uno de clase y con el tiempo terminaron con un hueco especial en las estanterías de reprografía. Por si acaso también le echo un vistazo a mis apuntes pero enseguida me doy cuenta de que es mejor tirarlos a la basura.

Ya lo tengo todo colocado así que manos a la obra. La luz azul del flexo me resbala por las mejillas e ilumina el comedor con el color del cielo casi atardecido.

Cualquier persona que me viera diría:

«Este muchacho es un gran estudiante»

Cualquier persona que me viera y supiera qué hora es diría:

«Este muchacho es un gran estudiante que además sabe a qué hora se concentra mejor»

Cualquier persona que me viera, supiera qué hora es y a qué hora tengo el examen diría:

«Este muchacho es un gran suspendedor que no sabe concentrarse durante los días previos y por eso se despierta cinco horas antes para estudiar un examen que va a suspender»

En fin, es lo que hay.

Empiezo con el tema seis:

“Me concentro y comienzo a memorizar una serie de datos concretos y abstractos explicados de manera muy docta, cuyos lexemas y morfemas crean significantes cuyo significado podría detallarse de la misma manera con otro significante más común pero que debe ser así para que el doctor en no sé qué se sienta mejor que el resto del planeta ante tal erudición. Entonces debo buscar en el diccionario palabras que ni ellas mismas conocían de su existencia y que contienen una mínima importancia para mi profesión futura pero un gran valor para aprobar el examen”.

“El funcionamiento de la letra ‘p’ y de la letra ‘v’ consiste en volar dentro de mi cabeza junto con el resto del abecedario para crear en mi sistema de neuronas una serie de redes neuronales que formarán los ladrillos de una catedral del gótico tardío sin cimientos ni campanario”.

“El café está amargo: se trata de una droga excitante que provoca la apertura de las pestañas y el movimiento acelerado de los ojos en pos de memorizar una serie de párrafos extravagantes y de hacerse un hueco en el cerebro entre la última carrera de Fernando Alonso y los últimos fichajes del Real Madrid”.

“Grupos de neuronas poco acostumbrados a tanto frenesí producen aletargamiento al ser humano del que formen parte”.

Se oyen ruidos en la calle y me despierto de una forma muy original, con los apuntes pegados a la cara y todos los folios babeados. La luz azulada del flexo me deslumbra. El Sol casi ha salido y la persiana ruge al ser subida.