“Traed para el lunes una historia con una estructura parecida a la de los cuentos que acabamos de leer”, dijo un día mi profesor de lengua de 3º de la ESO. Una simple frase que terminó siendo la chispa que enciende la mecha. Al día siguiente este profesor se encontraba con los ojos como platos escuchando la historia que yo le contaba sobre un escriba egipcio que hizo novillos y no aprendió bien el oficio; luego cuando tuvo que transcribir algo, se confundió de letras y unos extranjeros terminaron invadiendo su país…
Ahí creo que empezó todo….
Tengo miles de hojas por ahí que algún día pienso terminar de ordenar. Un montón de hojas de cuando pensaba que tenía talento para esto, de cuando pensaba que no tenía talento ninguno y de ahora, que me importa una mierda…
Es extraño, ¿por qué engancha tanto esto de escribir? Yo siempre pensé que eran ganas de llamar la atención. Todos tenemos algo por lo que nos definimos: está la filósofa con la que no es recomendable hablar de filosofía, el aprendiz de ruso al que no hay que pedirle que te enseñe ruso, el porrero con el que nunca hay que salir de fiesta, el guitarrista con el que nunca hay que ir a un concierto, etc. A mí me tocó ser el pesado de los libros. Y lo acepté. Claro, yo pensaba así cuando tenía 14, 15, 16 años hasta que un día maduré y dije “ya no voy a escribir más”. A los dos días estaba en frente del ordenador con un bloc de notas abierto y escribiendo:
K no kiero
K no voy a escribir
K no
K no
K no voy a hacerlo
…y terminé con un poema de 20 versos. Igual que el que deja de fumar y reincide, yo tuve que volver a escribir.
Es extraño, si no escribo por algo ni para nadie, ¿por qué sigo haciéndolo? Sí, es verdad, no soy capaz de escribir nada a nadie a no ser que le gusten cosas como “…con tu dulce piel sabor a mantequilla…”, del estilo de cosas que se escriben sin inspiración.
Aún así, todo aquel que escribe algo lo hace para ser leído. El que diga que escribe para luego coger el folio y meterlo en un cajón para siempre, miente como un bellaco. Siempre guardará un mínimo de ilusión porque alguien abra el cajón y en un descuido lo lea. Esta es una de las razones por las que abrí el blog en su día. Pero claro, se puede abrir un blog para publicar lo que ya se ha escrito. Entonces ¿por qué sigo escribiendo? Ideas:
Porque soy tímido
Bueno, más que tímido callado, que no es lo mismo
Porque me gusta que me lean (bueno, con que me lean tres es suficiente)
Porque quiero aparentar algo (esto sí que no)
Porque me gusta hacer listas como esta (que siempre terminan con un “en fin”)
En fin.
Básicamente creo que se trata de plasmar en un papel lo que me vaya sucediendo. Es como una especie de diario sólo que yo soy el único que conoce el trasfondo de cada frase o verso, que incluso soy capaz de recordar cómo era el momento en el que lo escribía. La mayoría de la gente lo que suele hacer es meterse los problemas en la boca, comérselos, digerirlos y olvidarlos; yo los escupo en un papel y me quedo tranquilo hasta que los vuelvo a ver. Así de masoca que soy.
Al fin y al cabo, cada palabra es una metáfora de mi rea
lidad que sólo yo puedo entender….
PROEZAS: porque puede que sí tenga talento
INFRA: porque puede que no…
LITERATURA: porque me importa una mierda sí o no….
Un saludo