PROEZAS DE LA INFRALITERATURA

El escritor frustrado

viernes 2 de febrero de 2007

-Lléveme a esta calle.

Le doy el papelito al taxista en el que estaba impresa la dirección donde se produciría la culminación de toda mi vida. El lugar y el momento que siempre había soñado e imaginado están escritos en un trozo de folio cortado con unas tijeras...

-Hoy llueve bien ¡eh!- me grita el taxista. Y sí, es verdad, llueve como nunca, aunque como lleva lloviendo durante 10 horas seguidas parece que siempre ha estado lloviendo así. Por las calles corren ríos de agua y los únicos seres vivos que hay son unos niños que hacen barquitos de papel llenos de monigotes de playmobil. Algunos comercios están cerrando antes de la hora y el día parece noche de lo negras que están las nubes por donde vuelan las aves que van camino de África y de una pulmonía.

"No te preocupes, que te lo van a dar a ti, ya lo he amañado todo." Me lo dijo Javier Sagarna. Y si me lo dijo él es que es verdad. O sea que sí. Que tengo que ser yo el que gane. Porque no puede ser otro que yo. Que si no se me cae el mundo encima. Y si no soy yo lo mato. Que le he hecho trabajos sucios para que me elijan a mí. Que le he hecho la compra y le he llevado la merienda a sus hijos mientras jugaban en el parque. Aunque el premio sea solo de 600, sin quitar ONG’s e impuestos. Que me lo cargo si no me lo dan a mí. Buf. Bueno no te pongas nervioso, Drecik, todo se andará, controla tus manos y respira fuerte….

Siempre había pensado que sería un día de primavera, con el Sol dándome en los ojos para que brillaran en un color marrón claro y caminando sobre una alfombra roja en la que periodistas y fans se apoltronaran a darme besos y pedirme autógrafos. Luego entraría en la gran sala de galas donde un jurado dictaminará que la mejor novela ha sido la mía y yo saldré sonriente a por mi premio. En mi discurso diré que hay que salvar a los niños del hambre y que mi premio no me lo merezco.

-Aquí es, déjeme aquí.

El taxista para el coche abollado y desconchado en la acera y ahí, tras pagarle 15 de los 20 euros que me quedan, me encuentro yo, en otoño, por la tarde, bajo la lluvia, de pie delante de una discoteca que todavía no ha abierto para recoger un premio que en sí es una mierda, pero que por algo se empieza. De tres zancadas entro a un bar que hay al lado, me compro tabaco y un mechero y me pido una caña. Me enciendo un cigarrito y le pregunto a uno que hay a mi lado que si esa discoteca es la Sala Bar & Co y me dice que sí. Bueno, supongo que todavía será demasiado pronto.

El paisaje en ese bar es, como decirlo, no llega a desolador pero sí es desconcertante. Es como si los bohemios menos afortunados del nuevo siglo se hubieran reunido para pelear por un premio tonto. Todos han escrito algo para este concurso y ninguno de ellos va a ganar, porque el que va a ganar soy yo. Algunos ya están borrachos y no paran de decir tonterías, que si son capaces de volar, que si son los mejores escritores del mundo, que si hoy les van a invitar a copas y a tabaco, etc. Otros están como deprimidos; hay uno bastante mayor con greñas grises, vestido con pana gris y con una pipa llena de ceniza, que tiene un orujo en su mesa y la cabeza apoyada en el puño, su mirada se pierde entre los cuadros de trenes y futbolistas que hay en la pared y que parece estar pensando que como no le den este premio se tira por un puente. También hay un adolescente que sale del baño rascándose la nariz para inhalar el polvo que se haya quedado y que va diciéndole a los demás que como escritor es la “hostia puta” y que seguro que ganará. El barman alucinaba con lo que veía y sólo se dedicaba a servir copas a aquellos que tenían dinero para pagarlas.

Menudo panorama, no somos más que una banda de fracasados que para tener un minuto de gloria nos montan pantomimas como esta. Puaf con el Javier Sagarna este, ¿sabes lo que le diría si lo tuviera en frente? Le diría: "No te necesito, ni a ti ni a ninguno de tus secuaces que quieren que nos mantengamos en esta ilusión de ser escritores para ser capaces de conmover corazones “ajenos” cuando lo que queréis es que os conmuevan el corazón por la jeta. Que sí, que nos dais 600 €, que luego son 300 €, pero, ¿a precio de qué? ¿De haberte leído las obras de dos mil descerebrados que sólo pretender ser escuchados? Eso no eh, eso no. Olvídate de mí. No sois más que una mafia que mueve a personas a juntar palabras para crear preciosas sintonías prosaicas con las que pretenden que les deis dinero para vivir dentro de sus miserables vidas y por lo menos poder comprar papel para seguir escribiéndote otra vez historias que os hagan temblar de escalofríos a ti y a tus amiguitos. Cacho cabrón. Me vuelvo con mi madre".

Decido salir a la calle para respirar un poco relajarme y veo que las puertas de la Sala ya están abiertas. El Sol aparece entre un resquicio de las nubes y los bohemios agonizantes salen del bar y entran poco a poco, uno a uno, en la sala, pisando charcos y mojándose con el agua que salpica desde las hojas de los árboles. El último de todos en entrar es el viejo gris.

Me siento en un banco, me enciendo un cigarro y ya resignado entre pensamientos que serpentean entre la frontera de la lucidez y la estupidez, oigo desde la sala al presentador que grita que Drecik ha ganado el concurso, pero que como no está, el premio se lo dan a otro. << ¡Qué honor!>> La sala retumba en música disco y en gritos ensordecedores de la gente que ha empezado a bailar y a divertirse. De repente el viejo gris sale de la sala, se dirige a mí y me dice que en Toledo hay puentes muy bonitos y que esté atento a las noticias venideras.

El cigarro se me termina y me levanto para irme caminando entre los charcos a mi casa…

DRECIK

(Dedicado a todos aquellos que como yo,

se presentan a todos los concursos literarios que hay

y no ganan ninguno.)

P.D. No conozco de nada al tal Javier Sagarna, solo lo he utilizado como símbolo de mi sobrehumano enfado así que si en algún momento le he incomodado con alguna de mis impertinencias, le ruego me disculpe.

4 infraliteratos han escrito sobre este artículo:

Drecik dijo...

A ver, dejadme explicar en unas líneas este despropósito.
Este relato lo escribí para el concurso narcisista de relato autocontemplativo de www.escueladeescritores.com y trata sobre un supuesto 'yo' mientras va a recoger el premio al propio concurso al que va dirigido este relato.
Por aquel entonces (verano de 2005) yo andaba un poco jodido por haberme presentado a algún concurso literario y no haberlo ganado y por eso este relato me salió así. Estuve un tiempo sin escribir hasta que me salió esto que me lo incluyeron entre los 16 semifinalistas de 170 relatos, cosa que me animó bastante. Luego con el tiempo me di cuenta de que los relatos no son para ganar dinero, me volví un poco menos materialista y abrí este blog.
Estuve en el pub donde se entregó el premio y la verdad es que se lo curraron. Además pude pedir perdón a J. Sagarna en persona, que se lo tomó bastante bien. Me dijo que pudo escuchar las risas del jurado cuando leían mi relato.
Bueno pues nada, sin más dilaciones, espero que os haya gustado. Un saludo.

Maria Magdalena dijo...

Jajaj... esa historia me suena de algo... Como recuerdo un póster de martini todo un año colgado que nos incitaba continuamente a no dejar de beber...
yihaaaa!!
Muak

Betote dijo...

Y siempre, a pesar de todo, queda escondidito por dentro el pensamiento de "algún día...".

Saludete.

Baptisma dijo...

... interesante título para un blog, me agrada...

saludos y, hasta pronto