Prosigue a la entrada anterior)
Miro la hora y me entra un temblor. Son las siete y media, queda hora y media para el examen y todavía me queda por repasar un tema y medio de lo que me propuse.
Tengo que darme prisa para poder memorizar todas aquellas palabras que necesitan ser estudiadas, investigadas y conocidas para así no suspender. Lo estoy pasando fatal. El bic azul de mi mano repiquetea contra el metal del flexo creando una especie de luz sonora color azul. El lápiz de la otra mano crea pentagramas de notas al margen ke nisiqiera guárdan 1minimo de ortografia. Siguen apareciendo palabras extrañas que ya ni siquiera me molesto en buscar. Sólo intento memorizarlas: “Herzacoal”, “herzacoal”, “herzagoal”, “hersagonal”, “ersagonal”, “exagoanl”, “exagoná”; “miriápido”, “miriátrido”, “Ciriátrido”...
Mientras tanto el reloj de la pared empieza a funcionar lo más rápido posible para reírse de mí y hacerme la vida imposible. Los obreros de mi habitación seguro que siguen descansando. El café seguro que sigue amargo. Lo que queda de él se retuerce en ondas concéntricas producidas por el temblor de mis piernas. Mi compañero sigue durmiendo. La vecina de arriba también.
Ya no es de noche para estudiar. El sexto tema ya lo he terminado así que apago la luz azul porque ya no la necesito. Los coches comienzan a circular para llevar a su conductor a un inhóspito lugar donde trabajar un día más. Me llevo las manos a la cabeza, cierro los ojos y respiro fuerte para vagar en una nube negra medio amarga medio dulce que aparece cuando se deja de estudiar en una situación como esta.
Son las ocho, queda una hora para el examen. El agua de la ducha está demasiado caliente dando la sensación de ser notas Post-it rajando mi cuerpo. Salgo de la ducha y en el espejo aparece un ladronzuelo de bicicletas. Intento sonreír pero no puedo.
Me visto mientras reflexiono en ponerle una vela a San Judas Tadeo. Preparo un desayuno equilibrado a base de mucho azúcar, colacao, café, leche que robo a mi compañero, cereales y un trozo de tarta que sobró hace tiempo. Me lo tomo todo mientras veo las noticias. Por lo visto ha muerto mucha gente en una guerra civil, el Real Madrid ha fichado a no sé quién y Fernando Alonso ha ganado no sé qué carrera. El canal Antena Cinco me recuerda que en el tema cinco hay un punto dividido en cinco subapartados de los que sólo me sé cinco palabras de uno de ellos.
Lo recojo todo, agarro la mochila, la lleno con todos los apuntes y salgo del edificio.
-¿Qué pasa? ¿Tienes examen?- me saluda el quiosquero.
-¿En qué lo has notado?- bromeo.
-Pues en que estás blanco y en que llevas unas ojeras que pareces un condenado a muerte. ¡Qué tengas suerte!
-¡Gracias!
En la portada del Marca aparece un mulato con la camiseta del Real Madrid y Fernando Alonso muy contento.
Me pongo los auriculares y el grupo de música Marea me recuerda aquella vez hace unos años cuando ahorré para una guitarra. Si me la hubiera comprado y hubiera aprendido a tocarla ahora a lo mejor no tendría que madrugar. O quizá estaría volviendo a casa en este momento. Pero ya no hay tiempo de pensar en tonterías de niño vago sin futuro. El repartidor del 20 minutos me entrega un ejemplar cuya portada muestra los muertos de la guerra civil de no sé dónde.
Los Marea en mi Mp3 prosiguen:
Latido jondo, es lo que quiero tener
Mi cama que no tiene sueño
Un ruido sordo otro de rabia y miel
de la piel hacia adentro.
A medida que voy llegando a la estación de ADIF me voy encontrando con un ejército de personajes que portan sus AK-pilot del calibre 0.5 y sus escudos tamaño A4. Se les ve un poco angustiados mientras arrastran sus ojeras hacia la batalla final en Rabanales. Entro en la estación que está atestada de gente. En los bancos de enfrente hay un pobre desayunando y la gente se sienta a cierta distancia de él. En un reloj pone que son las ocho y treinta y cuatro minutos y en un panel que el tren hacia Rabanales parte a las nueve menos cuarto. En la taquilla hay un tumulto de estudiantes ansiosos que se empujan y zarandean para no tardar mucho en comprar el ticket para ir al campus. En la cinta mecánica del AVE desciende gente de negocios que desea ir a Madrid o a Sevilla a ganar mucho dinero. En el andén número cinco está mi tren esperándome así que enseño el abono al señor revisor de cara distraída. La cinta mecánica me desliza hacia el suelo y me sumerjo en esa nube verde en la que deseas que la cinta nunca llegue al final.
Pero llega.
Me siento en el último vagón. Intento recordar algo de lo aprendido en estas últimas horas pero me cuesta pensar. Mis pensamientos comienzan a volverse azules, opacos, sin vida...
-¡Oye tú!- Me despierta una voz.
-Em, esto, ¿ya hemos llegado?- digo sobresaltado dándome cuenta de que me hablan tres amigos.
-¡Qué va! Que esto, que hemos pensado que no vamos a ir al examen.-
-¿Y eso?
-Que nada, que no hemos estudiado así que nos vamos a tomar unas cañas. ¿Te vienes? Son las ocho y cuarenta y cuatro así que decide rápido.
-Vale, tampoco hace falta que te esfuerces mucho en convencerme.
Salgo del vagón acompañado de los tres diablos. Una voz anuncia que el tren se marcha y decenas de estudiantes bajan corriendo por la cinta mecánica. Mientras subo, me sumerjo en una nube blanquecina llena de alivio postergado. Cuando me acerco a la cúspide observo como desaparece el último vagón siguiendo el resto del tren que va al lugar que me ha robado una noche de mi vida.
En septiembre habrá más suerte.
¡¡EXAMEN!!
lunes 21 de enero de 2008
Perpetrado por
Drecik
a las
19:26
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2 infraliteratos han escrito sobre este artículo:
Ohhhhhhhh....... vaya! Bueno, lo que yo te diga, eso que ya llevas estudiado para septiembre.
Me ha gustado la descripción de la nube en la que te sumerjes, esa en la que caes al cerrar los ojos mientras se estudia. Cómo agradecen el cerebro y el corazón ese abandono momentáneo.
Besotes.
Me encanta esa oración: Si pudiera intercambiar por dinero mis sueños no soñados, hoy me convertiría en millonario. Es de una belleza insondable. Gracias por condecérnosla.
Yo pasaba por aquí casi de soslayo, pues como bien dice el título tengo que martirizarme, martirizarme, martirizarme... Y no sé si ser un mártir de la sociedad merece tanto esfuerzo. La cuestión era preguntarte sobre la imagen de Miguel Brieva, creo que sólo era eso.
SHEMHAMFORASH
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