PROEZAS DE LA INFRALITERATURA

Dos Vs una

martes 30 de octubre de 2007

Mi cabeza acurrucada a su hombro, su espalda rozando mi pecho y sus rodillas flexionadas con las mías. El ambiente huele a colonia, whisky y humo. La oscuridad nos envuelve y mi espíritu avenizado da gritos de alegría y de ego saturado.

Me despierto y no sé dónde estoy. La resaca no me deja pensar. Me despego de ella y me siento en la cama.

“¿De verdad que es esto lo que quiero?” Me pregunto.

“¡Si!” Me grita una voz interior.

Pues claro que sí, ¿cómo iba a ser de otra manera? A veces pienso que no debería ser así pero no son más que pensamientos del niño trastornado que llevo dentro

En la pared diviso lo que debe ser la ventana. Me levanto y pisoteando alguna camiseta y algún sujetador de por el suelo, subo la persiana lo justo para que la luz del Sol sólo entre por los agujeros. Bien, estoy en mi habitación.

¿Elisa? ¿Ana? ¿María? ¿Sonia? ¿Cómo se llama esta mujer? A lo mejor es Alicia, la de la semana pasada, o quizá Marta, la del lunes. Me acerco a ella y recuerdo algo sobre una tal Andrea.

“Andrea” le digo mientras con la mano hago remolinos en su pelo.

Me coge la mano y me la acaricia. “¿Qué tal ha dormido mi hombre?”

Mi dedo recorre despacito el espacio entre su nuca y su coxis haciendo eses. Ahí abro la palma de la mano para pasarla por la cintura hasta el ombligo y la subo por entre sus senos hasta su cuello para hacerle cosquillas con las yemas de los dedos. Ella me busca con la mirada, me da un beso y un rato después hacemos el amor.




En un lugar impreciso, sin gravedad ni atmósfera alguna, hay una cama y en la cama hay dos espíritus: un hombre de pelo en pecho y mirada nostálgica y una tal Andrea, de senos bien puestos y trasero a juego. Estos dos espíritus están abrazados de forma natural, como les indica su programación. Él necesita una mujer y ella necesita un hombre lo suficientemente hombre como para necesitarlo.

Pero detrás del hombre hay un niño. ¿Seis años? A lo mejor de ocho. Un niño regordete, de mirada risueña, con el pelo corto y las manos inquietas, que siempre necesita algo que todavía no se le ha otorgado. Este niño le toca la espalda al hombre y le dice:

-¿Y si esta fuera…?

-Sabes de sobra que no. Largo de aquí.

-Vale, ya me voy.


Joder, y ahora dice que me va a hacer el desayuno.

Me encuentro en la cama solo con la cabeza hecha polvo. Siempre me pregunto “¿y si ésta fuera…?”. Pero mi conciencia acalla este pensamiento sabiendo de sobras que no será así. Cuando estoy así me dan ganas de llorar, pero es otra vez la conciencia la que hace que me trague las lágrimas para mandarlas a la vejiga que es por donde deben salir.


El hombre está tendido solo en la cama. Un orificio bajo la barbilla está rebosante de una sustancia amarilla brillante llamada ‘ego’. La sonrisa de la cara se le borra cuando ve al niño llorando a los pies de la cama.

-A ver, lo mismo de siempre, ¿no?

-Joder, es que tú no lo entiendes.- Responde el niño.

-¡Pero no te das cuenta que no haces más que estropearlo todo!

-Pero es que su pelo, su boca, su todo, describen un aura especial.

-Su pelo, su boca, su todo no describen un aura especial porque no tiene un aura especial, porque el aura especial es algo que le otorgas tú porque te da la gana. Mira, ya he derramado parte de mi ‘ego’ por tu culpa.


Me levanto y me voy a la cocina a ver qué hago con esta mujer.

-Hola Andrea.

-Hola guapo.- Me responde dándome un beso.

-Esos bollos que estás cogiendo son de mis compañeros.

-Ay, lo siento. Oye, que estaba pensando, ¿qué te parece si vamos esta tardea tomar algo al bar de Chus?

-Buf, es que los días de resaca los paso en casa.

-Bueno, pues me paso por aquí esta tarde si te apetece.

-Va, es que van a estar mis compañeros y…

-¿Y?

-…

-Vale ya lo voy pillando, no te molesto más. Tu tranquilo que ya me voy.

-Hasta luego.

-Adiós, hijo de ...


En un escenario extraño donde los espíritus siguen danzando al son de sus dueños, Andrea y el hombre se vuelven a abrazar.

Ahí aparecen:

  • El hombre, que necesita una mujer.
  • La mujer, que necesita un hombre lo suficientemente INDEPENDIENTE , simpático y cariñoso como para necesitarlo.
  • El niño, que ansía una mujer independiente, simpática y cariñosa a la que no le importe tener que cargar con él y no él con ella.

El niño se alza para tocar el pelo, la boca de Andrea. Ella no se da cuenta pero el hombre sí, por lo que el color de su espíritu torna de blanco a verde. Andrea, al ver el cambio del hombre, torna su color a negro y desaparece. El hombre ve como el niño todavía tiene lágrimas por el ombligo.

-¿Por qué le has dejado marchar?- Pregunta el niño.

-Porque ni tú ni yo la necesitamos.

-Pero tú sí que la necesitas, ¿no?

-¡Qué va! Ya tengo lo que quiero. Perdóname por cómo te he gritado antes.

-Tranquilo, no lo volveré a hacer.- Dice el niño rompiendo a llorar de nuevo.

-¿Por qué lloras otra vez?

-Porque todavía no entiendo por qué existo, por qué todavía no me he fusionado contigo.

-Sabes que tu momento acabó hace tiempo y sigues existiendo porque todavía no estás colmado. De todas formas hiciste bien en dejarme salir, ¿sabes por qué?

-¿Por qué?

-Venga chiquitín, súbete a mis hombros.

Con la sonrisa que sólo un niño puede tener, éste se sube a los hombros del hombre.

-¿Por qué hice bien en dejarte salir?

-Mira, seguramente nunca consigas lo que quieres, pero cuando necesites protección, yo te daré protección, cuando necesites reír, yo te haré reír y cuando necesites cariño, ahí estaré yo para echarte un cable. Además, también sé contar historias sobre cómo te hubiera gustado que fuera. ¿Quieres que te cuente tu posible historia con Andrea?

-¡Sí!

-Pues sujétate que allá vamos. Andrea te hizo el desayuno y mientras lo tomabais, ninguno decía nada en uno de esos silencios en el que cualquier ruido producido por la boca del otro lo hubiera estropeado todo el encanto de la situación…

Y ahí se quedaron, el hombre y el niño, extraña pareja inseparable vagando por el mundo de los espíritus.


Al final siempre me pasa lo mismo. Por no hacerme daño a mí mismo les hago daño a ellas. Pero no hay otro remedio. Termino la mañana solo, tranquilo, saturado de ego, sentado en el sofá, tomándome dos desayunos mientras veo a Fernando Alonso e imagino cómo hubiera sido si hubiera decidido salir con Andrea.

El mecanismo del runrún

martes 16 de octubre de 2007

(extraído de un relato largo)


...El mecanismo del runrún es aquel que te convierte automáticamente en un patán. Se trata de un conjunto de ruedas dentadas que te aceleran el corazón sin previo aviso, te llenan de sangre el cerebro y no te dejan actuar como deberías. Para colmo también te llena de sangre la cara y te quedas rojo como un tomate. Aunque más bien creo que se trata de un bichejo maleante con pata de palo que intenta aprender a tocar el xilófono utilizando tus costillas y que gusta de crear melodías teniendo de fondo la musiquilla que suelta mi cerebro cuando necesito mostrarme a la gente apropiadamente (y hace todo lo contrario). El runrún me acompañará de por vida, unas veces más rápido y otras más lento, pero ahí estará ubicado, entre mis genitales y el corazón...