PROEZAS DE LA INFRALITERATURA

...huyendo...

viernes 27 de julio de 2007


Corren hacia mí doscientos árboles
gritando canciones militares.
Quieren que me una a ellos
que sea su mercenario.

Pero todo lo que ellos no saben
es que si hoy llevo estos ropajes
es porque no quiero volver a verlos

Tienen un sueño que se supone que es mi sueño y que trata de echar raíces en cualquier suelo. No saben quiénes son. Sólo saben quién soy yo. Lo único que necesitan, que creen necesitar.
Me persiguen. Sin piedad. Yo huyo también sin piedad.
yo corro sin querer verlos
yo corro hacia la multitud.
Pido socorro
pido ayuda.
Hay humanoides enfrente mía. Van doscientos metros más allá de mí. Lo suficiente como para no pensar en árboles. Van juntos y se saben todas las estratagemas para no ser engullidos por sus propias plantas. Alguno suelta una flor de cuando en cuando. Sólo una flor. Yo tengo a mi espalda un bosque entero.
Un humanoide se para un momento, mira atrás y me echa el lazo. Empieza a correr desde ciento noventa y cinco metros delante mia.
Lo suficiente como para correr sin pensar en árboles.

Yo no quiero echar raíces. El lazo me ayuda unos metros. Consigo correr más rápido que antes. No jadeo. Tengo aliento. Hay muchas agujetas en mi cerebro.
Me caigo de boca cuando el sauce me pone una rama en las rodillas.
Me toco la cara, barro en mis mejillas. El humanoide me mira a lo lejos. Recoge su lazo, se encoge de hombros y sigue corriendo a su aire.

Y los árboles se me van acercando. Yo... yo grito. El vacío de mi estómago balbucea.
El vacío se vuelve más vacío a medida que los árboles se acercan.
Me levanto, corro y el sauce comienza a llorar como una magdalena. Me da pena. Pobre. ¿Y yo?
Me persiguen, me quieren y yo no hago nada por ellos. No quiero intentar nada por ellos pero...
la melancolía me llama y los humanoides están tan lejos...

Me quedo quieto mirando hacia los humanoides. Los árboles se acercan a mi espalda. Parecen niños saliendo del colegio. No hay orden ni concierto. Me quedo pensativo durante un momento. No sé si acercarme o seguir corriendo. Los humanoides están tan lejos y tan a su aire...
Siento como una enredadera me acaricia la oreja. El sauce se abre de ramas y me acoge. Abro una mano y de ella salen flores.
Entonces tengo que echar raíces. No es que tenga, es que quiero echar raíces- El tocón de mis recuerdos todavía puede dar algo de vida.

Y de mi ombligo aparece una rama. Y de la rama brotan hojas que me rasuran la barbilla. La piel se me agrieta. Mis pies lanzan tentánculos contra el suelo.
Son las raíces. Intengo utilizarlas, las apriento todo lo que puedo. Pero no puede ser. No absorven el agua, son raíces de metal.

Me duermo en un sueño febril, precioso, artificial. Y comienzo a vomitar. No quiero estar aquí. Quiero salir. Mis brazos casi convertidos en rama logran agarrar la navaja de mi bolsillo con la que destrozo el sauce llorón que me rodea. Arranco las piernas del suelo y echo a correr. La enredadera trata de hacer lo posible por no dejarme escapar pero yo tengo un mechero con el que la quemo entera. Incluso una pequeña parte de vegetación también arde. Incluso mi tocón.

Entonces vuelta a empezar.

Porque...

...corren hacia mi doscientos árboles
gritando canciones militares
quieren que me una a ellos
que sea su mercenario...
...
...
...

Vaya con el verano

lunes 16 de julio de 2007

El verano es lo peor. No tengo ganas de escribir y cuando lo consigo no hago más que juntar letras al tunún. Así que como no tengo nada nuevo, voy a poner un par de canciones del nuevo disco de Marea: "Las aceras están llenas de piojos". En un principio puede parecer algo así como rock barriobajero, pero el cantante y letrista es un poeta que al escucharlo se nota que ha bebido de los grandes del 27 como Lorca o Miguel Hernández, pese a su voz de carajillero y de fumador de ducados negro.
Ahí las dejo, a ver qué os parecen.
Un saludo



MAREA

La hora de las moscas



Relincha el pellejo, preñado de espuelas
porque su montura es tan sólos saliva que puebla mejillas
fundiendo los plomos, matando polillas.
Es el sollozo de un pozo con sed,
gemido que atiza el rescoldo de la chimenea
tinto de pelea, beso de morder.
Es el alero que quiere llover,
es levante y tramontana y a la hora de las moscas chicharrina,
corona de espinas de la que comer.
Es una blusa con nudo en el pecho,
es un largo trecho y desaparecer.

Es un abrazo de navajas que sangra rosales
un lecho de paja y cristales
pozales de hiel,
bebidos a sorbos y echados a perder.
Es una brisa de Octubre que tira paredes,
la ubre en que duermo y que quiere
al pétalo enfermo que canta al toser.

Trataron de herrarle y cerró las tijeras.
No fue a cal y canto, quedaba la punta de untar las heridas.
Sirvieron de lienzo las horas perdidas,
Es el antojo del ojo que ve
cómo muere solo a través de la misma mirilla,
de la misma puerta que quiere romper.
Es una mano intentando coger
del amor algún pedazo
y los tacones en la nuca de la vida,
manzana podrida, quijada de Abel,
que se entretiene desabotonando
las claras del día para verte bien.

Es un abrazo de navajas que sangra rosales
un lecho de paja y cristales
pozales de hiel,
bebidos a sorbos y echados a perder.
Es una brisa de Octubre que tira paredes,
la ubre en que duermo y que quiere
al pétalo enfermo que canta al toser.

(¡Yo también te quiero!)

Es un abrazo de navajas que sangra rosales
un lecho de paja y cristales
pozales de hiel,
bebidos a sorbos y echados a perder.
Es una brisa de Octubre que tira paredes,
la ubre en que duermo y que quiere
al pétalo enfermo
que ladra silbando,
que canta al toser.



MAREA

Nana de quebranto



No te vayas aún y hazles palmas a los buhoneros
que traen la talega hasta arriba de huesos,
que se han tirado la noche por mí, desenterrando sueños
y hacen aliño si me destiño y doy el día con la letanía de mi vertedero
que no me cabe debajo del sombrero.

No te duermas con mi nana de quebranto
que es el canto con el que despierta el Sol.
Llorando como un niño chico cada vez que le dedico
esta sombra que me dio, donde solo cabemos los dos.

Si me cuca un ojillo la parca yo encojo la pata
pero la sonrisa siempre me delata.
Déjame terminar de pintarle plumas a las ratas,
que cojan vuelo desde tu pelo
donde vivimos desde que los suelos cualquier día nos matan
si de ser cielo es de lo que se trata...

No te duermas con mi nana de quebranto
que es el canto con el que despierta el Sol.
Llorando como un niño chico cada vez que le dedico
esta sombra que me dio, donde solo cabemos tu y yo.

Cavé mi fosa entre tus cosas, aburrido de haber sido el que más amor te dio.
También el que más fatiguita y palabras malditas camino del huerto,
sin saber si olía a muerto nuesro triste y asqueroso corazón.

Peleándome con mi cabeza no me gana naide,
le falta cordura, me sobra vinagre,
y mala follá, y una boquita muy bien afilá,
que prefiere triscar en la hierba
antes que rendirle cuentas al aire.

Si te quedas conmigo aquí, sabrás que mi palabra
viste de rojo carmesí,
dale cordel a su trajín, saldrá de mis entrañas
lo que vuelven en oro el serrín
o en más sangre con la que escribir.