PROEZAS DE LA INFRALITERATURA

Sueño

domingo 22 de abril de 2007

“Mantente firme y seguro, firme y seguro” me repito constantemente. Voy vestido con un uniforme de gala del bando enemigo y me dirijo hacia una entrega de medallas en la estación.

“...firme y seguro...”

Menudo traje más raro. Es blanco con partes rojas.

“...firme y seguro...”


Aquí al lado de estos oficiales que visten igual que yo voy a estar seguro. Este de al lado me mira raro y no me gusta que me miren raro. En un rápido movimiento me pega un explosivo inperceptible a la espalda que explotará al día siguiente. Como me he dado cuenta, me lo quito y se lo pego a él. A los dos segundos estoy corriendo hacia el cuartel con medio ejército enemigo intentando alcanzarme con sus escopetas.

¿Dónde estoy? Ah vale, soy un francotirador y tengo que matar al que estoy apuntando.

¿Le disparo ahora? Mejor espero

.

.

.

.

¿Ahora?

No, todavía no.

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.

.

Buf, ¡qué presión! Mejor me largo de aquí.

Me arrastro con mi escopeta y encuentro la línea fronteriza entre la guerra y la paz. Se trata de una valla metálica con un agujero por el que escurrirse.

Paso la valla. ¿Dónde está mi escopeta? Me miro y ya no voy con el uniforme caqui sino que visto unas deportivas rojas, unos vaqueros y una camisa amarilla de manga corta. Se acabó la guerra.

En frente mía está mi novia. Le pido que me acompañe y entonces ella me da la mano, me sonríe y nos vamos. Me hace sentir que soy algo, que domino la situación.

Pasamos cerca de una gran habitación acristalada. Dentro de esta habitación acristalada hay cuervos y alacranes. Se abre la puerta de la habitación. Los cuervos salen volando y los alacranes desaparecen.

Seguimos caminando. Pasamos cerca de un banco. En ese banco hay una chica. Esta chica se muerde las uñas. Está nerviosa. No me mira, cabizbaja. En otros sueños esta chica me hacía sentir basura, nada, dominado. Ya no.

Seguimos caminando y llegamos a mi casa. Grande, espaciosa. Llegamos a una puerta. La abro y es mi dormitorio. Mi novia entra, se sienta en la cama y me mira. Y entonces...

Sonó el despertador.