PROEZAS DE LA INFRALITERATURA

Boxeo callejero

miércoles 17 de enero de 2007


Otra vez mi orgullo sube cuando los agentes me meten en el coche de policía en mi tercer combate. Ya se sabe, el que se marcha en el coche de policía y no en la ambulancia es el que gana.

“Demasiado violento, eres demasiado violento”, me repetían mi novia, mi madre, mis amigos, etc.; pero nunca me lo decía Toni, el antiguo dueño del gimnasio, que me animaba diciendo “tú llegarás a ser el campeón del mundo”, y estuvo negociando para mi primer combate. Pero por deudas tuvo que vender el gimnasio a un pijo llamado Raúl, que siempre me repetía “eres un violento”. ¿Pero qué coño significa eso en el mundo del boxeo? Que a los 15 años ya dejara KO a mis compañeros de equipo debería ser algo normal. Este Raúl me terminó echando del equipo un mes antes de mi primer campeonato. Busqué otros equipos pero no me dejaban entrar por la mala fama que tenía. Entonces fui a por el pijo, le pegué un puñetazo y le dije: “Mira, yo iba para campeón del mundo y por tu culpa no me voy rendir, me pienso vengar”.

Los días pasaban y me sumí en una tremenda depresión hasta que un sábado por la noche uno que me caía mal y que estaba borracho, me empezó a fastidiar “Jajaja, que pringado, que te han echado del equipo, jajaja”. La sangre se me subió a la cabeza, apreté los puños y le metí una paliza. Él terminó en el hospital y yo en comisaría. A partir de entonces decidí que si no me dejaban ser el campeón del mundo en el ring, lo sería en la calle, en la que el premio es siempre terminar acompañado por la policía.

El sábado siguiente llegué al bar al que solía acudir. Observé el ambiente y me dirigí al primero que vi que estaba un poco musculoso. Le dije: “oye, me gusta tu cara de orangután”, y comenzó la pelea; puñetazo va, puñetazo viene, al final acabé en el suelo echando sangre a borbotones, y para colmo en el hospital, sintiéndome un fracasado.

-Perdonen, ¿tienen un cigarrito?- les pregunto a los agentes en el coche.

-¡A callar!

La semana siguiente quería la venganza. Me entrené a fondo pegando puñetazos al aire y dando saltos en la comba porque esta vez quería terminar en comisaría a toda costa y sentirme otra vez campeón. Llegó el sábado y volví a buscar a don orangután. “¿Por qué eres tan valiente de volver por aquí?” me preguntó y yo le respondí: “¿sabes que todavía tienes la misma cara de orangután?” Y a luchar. Me tapé la cara con los puños, arqueé el cuerpo, siempre mirándole de frente y esquivé todos sus golpes hasta que en el momento oportuno le asesté un gancho por la derecha que le rompió un par de dientes y otro por la izquierda que le partió el tabique nasal. Cayó tendido en el suelo KO. Nunca en mi vida había visto tanto arte; sus dos dientes dibujaron una curva en el aire y cayeron dando dos botes en el cemento. Él estaba tumbado boca abajo con la cabeza ladeada y de su nariz salía un río de sangre de dos metros que desembocaba en la alcantarilla. Y allí esperé a que llegara la policía con mi premio, la comisaría.

Entré en el edificio metido en el coche; mi cara tenía salpicones de sangre pero en ella se refleja el orgullo del que sale victorioso, con la cara inclinada hacia abajo, los ojos semicerrados, mirando hacia arriba y una media sonrisa en la boca; todo hecho un campeón.

4 infraliteratos han escrito sobre este artículo:

Mónica dijo...

Ciao,

Me ha gustado sobre todo la segunda parte del relato, logras definir al personaje muy bien, parecer poder imaginarlo, verlo y la descripción de su última pelea y el final están logrados.

Un abrazo,

Dani González Porcar dijo...

me sumo a la dicha de Mónica.
me gustó el relato y me hizo reflexionar...

saludos cordiales

Drecik dijo...

Gracias a los dos por los comentarios.
Basicamente lo que intenté fue meterme en el papel de un boxeador frustrado y poco a poco fue saliendo la historia. En realidad es una historia de 4 páginas pero la reduje a 600 palabras para presentarla un concurso. No es que sea de lo mejor que tengo, por eso no lo gané, jejeje.

saludos y gracias

Anónimo dijo...

Me han gustado mucho los dos, Santi. Eres un campeón. Cuidate mucho y un abrazo de tu siempre amigo...


Omar